Compartir, Etiquetar, Me gusta

Tener un grupo de música en Barcelona no es fácil. Con los años, se ha convertido en una ciudad en la que tocar puede ser en una misión imposible.

Foto Zephyr BonesBarcelona, considerada una de las ciudades más cosmopolitas de España, es a nivel musical más provinciana que los Roper. Muchos locales han dejado de tener música en directo y otros, tristemente, han tenido que cerrar sus puertas. Las salas grandes te piden una fortuna para poder tocar y hay que tener un máster en tetris para que te salgan los números.

De todos modos y para no ser demasiado catastrofista, aún existen algunos locales que te lo ponen fácil. La escena musical en Barcelona es de lo más prolífica, cada año aparecen grandes bandas que se suman a las ya existentes. Los veteranos Ultraplayback, los jovencísimos The Zephyr Bones, los intimistas Cálido Home, Joan Queralt… y un sinfín de grupos, cada uno con su estilo, que enriquecen la escena barcelonesa y nos dan la oportunidad de vivir grandes directos.

Gracias a la existencia de blogs especializados y revistas digitales, la gente puede llegar a conocerte a través de un solo click. Pero para eso tienes que organizar una estrategia en las redes sociales donde los conceptos “Compartir”, “Etiquetar” y “Me gusta” adquieren una importancia máxima en la que yo denomino categoría “Cómo me las maravillaría yo”.

Foto Calido HomeCreo que el principal problema de Barcelona es que, a la hora de consumir cultura, nos hemos establecido en una peligrosa zona de confort. No estamos acostumbrados a pagar por el arte a no ser que sea de gran formato. Los museos se llenan, los festivales se llenan, pero en el momento en el que hay que pagar para ver una pequeña exposición o un concierto de un grupo “desconocido”, la cosa cambia. Vemos caro lo que desconocemos, nos da pereza conocer lo que no nos intentan hacer tragar a la fuerza. Estamos apalancados en lo fácil y hemos entrado en una dinámica de bombardeo de información constante a cambio de algo de notoriedad.

Por suerte, todos conocemos el juego e invertimos lo que tenemos para entrar en la partida. Y es que sabemos de sobras que lo importante no es participar, sino vencer. ¿O era al revés?

Escrito por: Carolina Delgado

 

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